Experimentamos las fases del duelo frente a la pérdida de un ser querido <<aunque sea ley de vida>>. Y es que, los humanos necesitamos establecer vínculos entre nosotros para crecer y desarrollarnos correctamente. Si alguno de ellos se rompe y la pérdida resulta ser radical y definitiva, como en el caso de la muerte, pasaremos por un intenso y profundo período emocional llamado duelo. ¿Cuáles son sus etapas y cómo podemos afrontar y superar la pérdida de un ser querido? Te lo explicamos todo en el post de hoy. Además, si te gustaría especializarte y adquirir conocimientos en relación con la terapia emocional y el afrontamiento del duelo, no te pierdas nuestro Máster en Coaching y Afrontamiento del Duelo

 

¿Qué es el duelo?

La palabra duelo tiene su origen en la raíz del latín «dolus» que significa la respuesta emotiva (dolor) a la pérdida de alguien o algo (por ej. un trabajo). Sin embargo, la RAE (Real Academia Española) establece varios significados para el mismo término. Estos son:

– Dolor, lástima, aflicción o sentimiento.

– Demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien.

– Reunión de parientes, amigos o invitados que asisten a la casa mortuoria, a la conducción del cadáver al cementerio o a los funerales.

– Hay otro sentido de duelo, al menos en castellano, que hace referencia a desafío, combate entre dos, que algunos autores han querido relacionarlo con la elaboración del duelo y el desafío que supone la organización de la personalidad del deudo.

Las 5 fases del duelo

La psiquiatra y autora suiza Elisabeth Kübler-Ross fue una de las mayores expertas mundiales en el campo de la muerte y los cuidados paliativos. En su libro ‘On death and dying’, menciona por primera vez, la teoría de las 5 fases del duelo. Uno de los modelos psicológicos más conocidos y extendidos de todo el mundo. 

Estas cinco etapas son la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación, y tienen lugar en mayor o menor grado siempre que sufrimos una pérdida.

Negación

La negación es la primera de las fases del duelo dónde aceptar la realidad de la pérdida resulta tan doloroso que en la mayoría de casos no somos capaces de aceptarlo. Estamos en  un tipo de «estado de shock». Sin embargo, también puede ocurrir que se manifieste de otro modo distinto. Así, por ejemplo, se puede dar el caso de que la persona niegue la importancia de la pérdida más que el hecho “per sé”. 

Sea cual sea nuestra reacción, los expertos en psicología señalan que ambas reacciones son naturales y, por lo tanto, no hay que crear resistencia. Recordar las experiencias compartidas con esa persona o preguntarnos cómo será nuestra a vida a partir de ahora es información que deberemos empezar a explorar y procesar en ésta primera etapa. 

La negación pues, puede ser una gran oportunidad para absorber y entender lo que nos está sucediendo por dentro y el filtro necesario para disponer del tiempo para asumir el shock inicial.

Ira

Tras el fin de la negación, empieza la segunda de las fases del duelo: la ira. Es común que tras la pérdida de un ser querido, las personas nos sintamos enojadas, frustradas y con un sentimiento de impotencia. De hecho, todas estas emociones conllevan a su vez a la aparición del enfado y la ira.

Estamos intentando adaptarnos a una nueva realidad y es muy probable que estemos experimentando una incomodidad emocional extrema. La función de la ira es sacar lo que produce asimilar esa pérdida, es decir, nos permite una salida emocional a través de la rabia y el enojo. Además, nos permite que no seamos demasiado vulnerables y por qué no, expresar emociones con menos miedo al juicio o al rechazo. 

Desgraciadamente, la ira es una de las reacciones que salen de nosotros cuando empezamos a liberarnos de las emociones relacionadas con la pérdida. Y además de la sensación de injusticia, tenemos que añadirle otros factores como: ¿era algo esperado?, ¿podría haber hecho algo más? o, ¿soy culpable de lo ocurrido?. Todo ello, nos puede llevar al aislamiento durante la experiencia del duelo. Y esto, puede derivar en la pérdida del apoyo y acompañamiento de nuestros amigos y familiares en el momento en el que más lo podemos necesitar. 

Negociación

En la tercera de las fases del duelo, la persona siente una profunda desesperación y se aferra a la esperanza de que de algún modo puede influir y cambiar la situación a través de la negociación. Un ejemplo muy común, es el que sufren las parejas, cuando uno de los miembros cree que comportándose de otra manera podrá volver a retomar la relación con su pareja y usa el recurso de la promesa para evitar de cualquier forma evitar el dolor que siente. 

En esta etapa, también es muy frecuente dirigir las peticiones, perdones y arrepentimientos a un ser superior a nosotros (ej. Dios). Tenemos la necesidad de crear un final feliz, diferente pero la realidad, es que a veces la vida nos recuerda que no hay nada que hacer. 

Depresión 

La cuarta fase del modelo de Kübler-Ross sobre el duelo es la de depresión. Durante las fases del duelo, llega un momento en que empezamos a mirar la realidad desde la calma. La negociación ya no parece la mejor de las salidas y la ira se ha «calmado»; entramos en la fase de la depresión. Aquí empezamos a sentir la pérdida del ser querido y es cuando experimentamos el dolor de manera más profunda. 

Sin duda, es una de las etapas del duelo más delicadas, donde el asesoramiento de un experto profesional es clave para no caer en una depresión profunda y aislarse del resto en exceso. 

Aceptación 

La última de las fases del duelo, supone la aceptación y normalización de esos sentimientos de tristeza. Al fin, nuestra mente se siente preparada para aceptar la nueva realidad y la inevitabilidad de la pérdida. Es decir, la persona afectada es capaz de comprender racionalmente que la muerte es algo natural con lo que tenemos que aprender a vivir.