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El lenguaje es una de las principales vías que tenemos para comunicarnos. Y cuando hablamos de lenguaje sexista, este puede transmitir y reforzar los estereotipos marcados por la sociedad. Por tanto, si cambiamos nuestro lenguaje y la forma de expresarnos, contribuiremos a que existan menos desigualdades en la actualidad. Así pues, en el Día Internacional de la Mujer (8M) te explicamos en qué consiste el lenguaje sexista, cómo identificarlo y qué puedes hacer para cambiar tu forma de expresarte. ¡Síguenos!

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¿Qué es el lenguaje sexista?

La cultura, las costumbres y la herencia lingüística hacen que no usemos el lenguaje correctamente. Y cuando hablamos de igualdad de género, el lenguaje sexista se refiere a aquellas expresiones que denigran a las personas por su sexo y respecto a una serie de atributos o funciones dentro de la sociedad, haciendo que un género se posicione encima del otro. Por lo tanto, se entiende por lenguaje sexista aquel que discrimina, sobre todo, a las mujeres.

Ejemplos de sexismo en el lenguaje

Como ves, el lenguaje sexista no hace un uso neutral de las palabras. Veamos algunos ejemplos:

  • Padres: cuando se refiere a madre y padre.
  • Mujer de la limpieza: para hombres no hay un término.
  • Zorra: tiene connotación negativa, pues resulta ser sinónimo de prostituta.
  • Señorita/señora: la primera hace referencia a mujer soltera, mientras que la segunda a mujer casada. En hombre no existe esta distinción.
  • Coñazo/cojonudo: el primero es negativo, mientras que el segundo, positivo.
  • Nenaza: se emplea como insulto a un niño.

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Cómo eliminar el sexismo del lenguaje

Debes saber que no hay una fórmula concreta para hacer un uso no sexista del lenguaje, pues se trata de darse cuenta e ir cambiando la forma de utilizarlo. Ahora bien, aquí te facilitamos algunas recomendaciones para que puedas prestar más atención y empezar con el cambio. Toma nota:

  1. Cargos profesionales femeninos. Utilizar términos como “médica”, “directora” o “ingeniera” supone una forma de evitar la discriminación de las mujeres cuando nos referimos a puestos de trabajo.
  2. Utilizar nombres genéricos y colectivos. Evitar utilizar “los vecinos” o “los españoles” por “el vecindario” o “la población española”.
  3. Hacer uso de nombres abstractos. Es decir, hacer uso de palabras como “abogacía”, “tutorías” o “licenciatura”.
  4. Utilizar dobles formas. Repetir “niños y niñas” o “madres y padres de los alumnos” no supone una repetición cuando se hace referencia a grupos mixtos.
  5. Evitar usar la palabra “hombre” en sentido general. Por ejemplo, sustituir “el hombre vivía en las cuevas” por “la humanidad vivía en las cuevas”.
  6. Evitar identificar a una mujer a través de un hombre. Es decir, evitar coletillas como “la mujer de tal” o “ señor tal y su esposa” y nombrar a la persona de la forma más acorde posible.
  7. Prestar atención en el uso de preposiciones. Por ejemplo, sustituir “estudiantes interesados en” por “estudiantes con interés en”.