Si hay un método educativo que no deja de ganar relevancia y adeptos en todo el mundo, esta es la pedagogía Maria Montessori. Si tienes niños, te estás planteando tenerlos o te apasionan los pequeños y te gustaría dedicarte al mundo de la educación, seguramente algo habrás oído acerca de su método educativo. Si no es así, no te preocupes, hoy te explicamos en qué consiste la pedagogía Montessori y analizamos sus principios. Toma nota y recuerda que en Escuela ELBS podrás formarte en este ámbito obteniendo la Certificación Experto en Pedagogía Montessori + Coaching Infantil y Juvenil.

La pedagogía Maria Montessori y sus bases

El mundo es, visto desde los ojos de un niño, una ventana transparente en la que todo interactúa con nosotros mediante nuestros sentidos. Así, experimentamos sensaciones, sonidos, colores, texturas y conceptos que nos permiten interpretarlo y asentar conocimientos en nuestro cerebro. En estos detalles se fijo precisamente la pedagoga y filósofa Maria Montessori.

Y es que Montessori creía que el niño que puede dirigir de manera autónoma su propio crecimiento es capaz de construir su personalidad propia, basándola en valores de confianza, seguridad e independencia.

Su método educativo, que incluye todas las materias temáticas usuales como las matemáticas, las lenguas, la historia o la ciencia, fue nacido en los tempranos primeros años del siglo XX. Su enfoque se centraba en conseguir un desarrollo completo del niño a través de la estimulación de sus sentidos, experiencias y emociones. Convirtiendo, de este modo, al niño en un agente activo de su aprendizaje y crecimiento, liderando sus propios descubrimientos “espontáneos” y adquiriendo autonomía e independencia.

Principios educativos de la pedagogía Montessori

Aunque la aplicación del Método Montessori puede ser diversa y variada y ha ido ampliándose y variando a lo largo de los años, podemos definir por lo menos 6 principios fundamentales de esta metodología. Los analizamos en profundidad a continuación.

1-. Aprendizaje por descubrimiento

Lo comentábamos anteriormente: según la pedagogía Maria Montessori, los niños deben desarrollarse de manera autónoma mediante el descubrimiento “espontáneo”. De carácter constructivista, esta metodología defiende que los pequeños adquieren conocimientos mediante descubrimientos que interaccionan con sus sentidos, sensaciones y experiencias.

Generalmente, los niños van avanzando autónomamente (junto a los adultos “guía”). Una gran base de esta pedagogía es el “enséñame a hacerlo por mi mismo”. Un mantra que invita a acompañar a los niños en su aprendizaje, pero no a resolver sus tareas y obligaciones diarias. Aun así, a partir de los 6 años se prevén algunas clases magistrales puntuales.

2-. Preparación y uso de materiales

En la pedagogía Maria Montessori se suelen habilitar espacios “preparados”, es decir, se adaptan los espacios en función de las necesidades y edad de los alumnos. En este sentido, se adecuan espacios y elementos acorde al tamaño y desarrollo de los pequeños y se incluyen materiales (diseñados por la propia pedagoga italiana) para su aprendizaje.

Los materiales Montessori fueron especialmente diseñados para que los niños puedan explorar e investigar de manera personal e individual. Asimismo, están enfocados a la concentración por repetición y por aislamiento de dificultades (introduciendo un concepto por material). Paralelamente, los materiales Montessori suelen tener control de error: el mismo objeto o material se encarga de mostrarle al niño que no se usó correctamente. Una perfecta manera de transmitirles que el error forma parte del aprendizaje y que sirve para mejorar.

3-. Educar en positivo

Educare en positivo es imprescindible en la pedagogía Montessori. Los castigos y amenazas no participan de la educación de los niños. Según la pedagogía Maria Montessori estas frases destruyen la autoestima de los pequeños, por lo que generan muchos otros problemas. En cambio, en esta metodología se utiliza el refuerzo positivo en la manera de hablar. Así, por ejemplo, si se ha suspendido un examen, apostaremos por una fórmula parecida a “Sé que no el examen no te ha salido muy bien, pero yo confío en ti y sé que te esforzarás”.

4-. El adulto es solo un guía

A diferencia de otros métodos educativos, los adultos ya no son “ejemplo” ni figuras idealizadas. No tienen la razón de todo y, al contrario, son figuras que no suelen intervenir en los procesos de aprendizaje de los más pequeños. El papel de los adultos en la metodología Montessori se reduce al de ser guías. En este sentido, los guías Montessori pueden ofrecer retos y oportunidades de aprendizaje, pero dejándole al pequeño la libertad de decidir cómo afrontarlas.

Así, ofreciéndole confianza y oportunidades de aprender y descubrir nuevas emociones, sensaciones y conocimientos, el pequeño adquirirá seguridad para saber desarrollarse en diferentes situaciones y entornos.

 5-. Compañeros de aprendizaje

En el método Montessori, lo óptimo es que las aulas estén compuestas de niños con diferentes edades. De este modo, cada uno desarrolla su proceso de aprendizaje a su ritmo, sin fijarse o marcarse determinados mínimos o máximos obligatorios. Aun así, los niños son divididos en grandes grupos de edad, debido a las diferencias del desarrollo propio de cada gran etapa. Así, por ejemplo, se separan de tres en tres años.

Según la pedagoga italiana, existen diferentes periodos sensibles en los que los pequeños tienen mayor predisposición a aprender y adquirir ciertos conocimientos y habilidades que otras. Por ejemplo, en la primera infancia, el lenguaje y los sentidos son imprescindibles. De los tres a los 6 años, los niños entran en contacto con cuadro grandes áreas: vida práctica, lenguaje, sentidos y matemáticas. Mientras que a partir de los 6 años, se forma el pensamiento abstracto.

6-. Libertad en el aula ininterrumpida

Las sesiones “formativas” en el método Montessori son ininterrumpidas. Primero porque no requieren del mismo esfuerzo mental de concentración de los niños, que en estas aulas tienen autonomía para decidir sus descubrimientos y acciones propios. Así, las sesiones suelen tener una duración de 3 horas ininterrumpidas durante las que los niños no deberían tener tiempo de aburrirse. Cabe recordar que los espacios de la pedagogía Maria Montessori están especialmente diseñados para ello. Es decir, están equipados para fomentar el aprendizaje y el movimiento adaptado a cada etapa del niño.