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¿Alguna vez has oído hablar de la dieta según el grupo sanguíneo? Este método, popularizado hace décadas, promete personalizar la alimentación en función del tipo de sangre y, con ello, mejorar la salud, potenciar el metabolismo y prevenir enfermedades. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Realmente tu tipo de sangre determina qué alimentos te convienen? ¿O estamos ante una tendencia más dentro del mundo de la nutrición?

Exploramos de forma clara y directa las bases de esta dieta, revisamos lo que dice la ciencia y te mostramos qué propone este método para cada grupo sanguíneo. Si estás valorando formarte en nutrición y quieres desarrollar criterio profesional, toma nota y lee con mirada crítica y curiosa.

Vamos paso a paso.

¿Cómo influye el tipo de sangre en la alimentación?

¿Algo tan biológico y personal como tu grupo sanguíneo puede determinar lo que debes comer? La teoría detrás de la dieta según el grupo sanguíneo sostiene que cada tipo se desarrolló evolutivamente junto a ciertos patrones alimentarios ancestrales. Según sus defensores:

  • El grupo O sería el más antiguo. Se asocia a cazadores-recolectores que consumían principalmente proteína animal.
  • El grupo A correspondería a comunidades agrícolas, con una dieta basada en vegetales.
  • El grupo B se relaciona con pueblos nómadas. Estos combinaban productos animales y vegetales, incluyendo lácteos.
  • El grupo AB sería una combinación moderna de los grupos A y B, con una dieta más variada.

Ahora bien, ¿esto tiene fundamento científico? La respuesta corta es: no como se plantea originalmente. Aunque tu grupo sanguíneo sí afecta aspectos importantes de tu salud, no existe evidencia robusta que confirme que determina tu tolerancia a alimentos concretos.

Eso sí, el interés por este tipo de teorías pone sobre la mesa un tema fundamental para cualquier futuro nutricionista: la creciente demanda de dietas personalizadas. La nutrición personalizada sí es un campo emergente respaldado por la ciencia, pero no se basa en el grupo sanguíneo, sino en la genética, el microbioma, los biomarcadores metabólicos y el estilo de vida.

En otras palabras: el grupo sanguíneo no define lo que debes comer, pero sí refleja cómo buscamos opciones más adaptadas a nuestras necesidades individuales.

La dieta por tipo de sangre no es la única que se ha puesto de moda. Conoce qué es la dieta paleolítica y hasta qué punto es segura. 

¿Cuál es el grupo sanguíneo más saludable?

La realidad es que ningún grupo sanguíneo es objetivamente mejor que otro. Cada uno presenta ventajas y riesgos específicos, pero no hay un «ganador». No se trata de cuál es más sano, sino de cómo se combina con otros factores: genética, hábitos, actividad física, alimentación y estilo de vida.

Por ejemplo:

  • Grupo O. Estas personas suelen tener menor riesgo de enfermedades cardíacas, pero mayor tendencia a problemas de coagulación.
  • Grupo A. Pueden tener mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer gastrointestinal, pero menor riesgo de infecciones graves.
  • Grupo B. Tiene una distribución más variable en la población mundial y está asociado a menor riesgo de algunas enfermedades autoinmunes.
  • Grupo AB. Más raro, se ha asociado a ciertos riesgos cardiovasculares específicos, pero nada concluyente.

Sin embargo, ¿es suficiente para considerar uno «más saludable»? No. Los riesgos son moderados y no determinan ni tu salud global ni la forma en que deberías alimentarte. Dicho esto, entender estos matices sí es importante para quienes trabajan en nutrición o salud, ya que forma parte de la visión integral del paciente.

¿La dieta según el grupo sanguíneo funciona?

La respuesta es clara: no hay evidencia que respalde la eficacia de esta dieta para mejorar la salud en función del tipo de sangre. La comunidad científica ha estudiado esta teoría en múltiples ocasiones y sus conclusiones coinciden:

  • No existen diferencias significativas entre grupos sanguíneos respecto a cómo metabolizan los alimentos sugeridos por esta dieta.
  • Los beneficios que algunas personas reportan se deben más a la adopción de hábitos saludables generales (más frutas, menos ultraprocesados, más actividad física) que al tipo de sangre.
  • Es una dieta que puede ser restrictiva y poco equilibrada si se aplica sin conocimiento nutricional.

Si este tipo de dieta ha ganado popularidad se debe a que ofrece una narrativa atractiva, fácil de entender, con una explicación «biológica» y con la promesa de personalización. Además, muchas de sus pautas coinciden con principios saludables generales (más alimentos frescos, más vegetales, menos azúcar), lo cual genera mejoras independientemente del grupo sanguíneo.

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¿Qué comer según tu grupo sanguíneo?

Aunque la dieta no cuenta con respaldo científico, sí es útil conocer qué propone, ya que muchos pacientes o clientes pueden llegar a consulta con dudas sobre este método. Pero ojo: no son pautas recomendadas desde la nutrición científica, sino únicamente lo que establece este enfoque.

A continuación, te detallamos qué comer según tu grupo sanguíneo de acuerdo con esta dieta:

Grupo O

Según este tipo de dieta, quienes tienen sangre tipo O deberían priorizar carnes magras, pescado y alimentos ricos en proteínas. También se incluyen pautas para reducir el consumo de cereales, evitar lácteos y productos derivados y consumir abundantes verduras. En cuanto al ejercicio, se recomienda apostar por ejercicios físicos intensos.

La lógica detrás de esto es que el grupo O sería el más antiguo evolutivamente, asociado a una alimentación basada en proteínas animales.

Grupo A

Para el grupo A, se propone una alimentación más vegetal, rica en frutas, verduras y cereales integrales, y reducir o eliminar las carnes rojas. Plantea, también, un menor consumo de lácteos y una ingesta moderada de pescado y legumbres, junto con actividad física suaves. Se basa en la idea de que este grupo surgió con la agricultura y, por tanto, estaría adaptado a dietas menos proteicas.

Grupo B

Quienes pertenecen al grupo B tendrían, según esta teoría, un sistema digestivo más flexible. Pueden consumir lácteos sin problema y se permiten las carnes, vegetales, huevos y una gran variedad de alimentos. No obstante, se recomienda evitar el pollo, el maíz y algunos cereales. En cuanto al ejercicio, actividades físicas moderadas. Estas recomendaciones se relacionan con que el grupo B surgió con la migración hacia zonas más frías, donde la dieta era variada e incluía lácteos.

Grupo AB

Al ser una combinación de A y B, la dieta para AB mezcla pautas de ambos. Es una dieta variada pero moderada, con carnes magras y lácteos permitidos en pequeñas cantidades. Se reducen los alimentos procesados y hay una mayor presencia de verduras y frutas frescas, y se recomienda realizar actividad física moderada.

Si te interesa el mundo de la nutrición, esta dieta es un excelente ejemplo para aprender a evaluar teorías populares con una mirada crítica, así como identificar qué prácticas pueden ser útiles y cuáles no. También permite comprender cómo comunicar al público general conceptos muy complejos y formarte como profesional capaz de diferenciar entre mitos y evidencia científica. ¿Te atreves?

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